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jueves, 5 de noviembre de 2015

¿Perdió? 
Mejor para nosotros






Si el gran público cree que los periodistas deportivos sentimos empatía con los atletas o equipos, o compartimos sus mismas alegrías y tristezas, se equivoca en algunas ocasiones.
¿La razón? Un resultado puede alterar la mecánica de trabajo. Y si un éxito crea complicaciones en el cierre de la edición nocturna, entonces amigos lectores no periodistas: tengan la seguridad absoluta a que desearemos su derrota
Veamos algunos casos.
Un sábado de 2006, el púgil Edwin "Inca" Valero iba a pelear por el título mundial del peso pluma de la Asociación Mundial de Boxeo en Puerto Rico...
Para quienes no saben, el sábado es uno de los días más agobiantes en el periodismo deportivo.          
Porque se prepara la edición del domingo, y tradicionalmente se cierra una hora más temprano que de costumbre, especialmente en los medios de mayor difusión.
La mayoría de los periódicos con mayor tamaño tienen encartes, revistas y un mayor número de páginas, a pesar de las restricciones del papel que tenemos en Venezuela.
Volviendo al caso de Valero, mi coordinador de deportes, Rafael Vielma, me dio las siguientes indicaciones:

- La pelea es a la nueve y media de la noche. Si gana el "Inca" entonces vas a cambiar la mitad de la última página del periódico con una foto de la pelea. También vas a hacer la nota principal de la página 5 de El Deportivo (suplemento especial de Últimas Noticias) y la primera página de El Deportivo vas a poner la foto principal alzando el trofeo de campeón.

Conveniencias

Cerca de allí estaba Luz Mely Reyes, entonces jefa de la sección Fin de Semana en Últimas Noticias (ahora vibra con efectococuyo.com y @efectococuyo), quien no pudo dejar de oir mi pregunta a Rafael:
- ¿Y si pierde?
- Entonces solo cambias un título pequeño en la última página, y haces una nota corta en la página 5.

Analizando las consecuencias de cada resultado, le dije a Rafael: 
-Sí es así mejor que pierda. Menos trabajo-. Pero lo dije más interesado en conocer la reacción de Luz Mely.

Inmediatamente intervino ella, aunque con dudas si estábamos hablando o no en serio sobre nuestros deseos del resultado:
- Ustedes como no quieren a su país ¿Cómo van a desear que pierda?
- Claro que sí Luz Mely -. Le indiqué. O le mentí, no me acuerdo bien.  -Si la pelea comienza más tarde ¿Te imaginas? Menos tiempo tenemos para buscar las fotos y llenar los textos…

Al final, el combate comenzó a las 12 de la medianoche. Y no nos quedó más remedio que usar el espacio mínimo por falta de tiempo. Las fotos nunca llegaron porque las agencias no se ocuparon seriamente del evento y las primeras gráficas llegaron (nos enteramos al día siguiente) casi a las tres de la mañana.

Otros ejemplos




El más reciente fue durante la Serie Mundial de las Grandes Ligas que terminó el pasado domingo 1 de noviembre. Carlos Cedeño, editor nocturno de Líder estaba en su casa por tener el día libre. Si Reales de Kansas City ganaba (como en efecto sucedió) la final de las Mayores terminaba ese día con ese equipo de campeón. Si su rival Mets de Nueva York era el vencedor, entonces había que esperar al martes o el miércoles para eventualmente conocer el desenlace. Y allí le tocaría a Carlos trabajar.
Le pregunté sobre sus impresiones de ese serie y me dijo:
- Cuando Reales empató en el noveno inning, mi deseo fue que ganara y terminara. Así no tendría que estar el martes pendiente de ella. Iba a los Mets, pero mejor así. 
Se salvó de ese rayo. Porque el juego dominical culminó a la una de la mañana. Y los que estábamos de guardia llegamos a casa casi dos horas después.
Hay otras situaciones generales como las que describimos a continuación, que a la mayoría de los periodistas nocturnos o quienes hacen guardia nos ponen aprensivos:

- Cubriendo beisbol no nos molestamos si nuestro equipo favorito está perdiendo en el noveno inning y no puede quitarse la desventaja. Ya tendrá otro día para ganar (siempre y cuando no sea la final del campeonato).
- Si el basketbolista de la NBA Greivis Vásquez hace 30 ó más puntos con su equipo de gira por la costa oeste de Estados Unidos, sería terrorífico para nuestros horarios.
- Aupamos al campeón venezolano de beisbol en la Serie del Caribe,  menos en México. La diferencia de horarios nos afecta bastante. Y más de una vez hemos salido a las dos de la mañana sin colocar resultados.
- Qué al pítcher Félix Hernández lance un No Hit No Run en su sede de Seattle, donde los juegos comienza a las 10 de la noche hora de Venezuela. Cuando hizo el juego perfecto en 2012 el evento fue temprano.

Y así hay más casos. Para que lo sepan estimados lectores.











lunes, 25 de mayo de 2015

La moto de Juan Bimba Express








Cada redacción de periódico tiene algún proveedor de cómida rápida para aliviar la carga de trabajo. Desde la vieja parroquia caraqueña de La Pastora, la tradicional pizzería Juan Bimba Express se convirtió durante los últimos tiempos prósperos, en el principal surtidor de pizzas, hamburguesas y pollos fritos de quienes trabajábamos en la Cadena Capriles cuando su sede era la Torre La Prensa, al lado del Panteón Nacional.

    A lo largo del día, decenas de periodistas y oficinistas del grupo editorial sacaban de sus gavetas algún volante de Juan Bimba. Porque de eso se aseguraba el motorizado que llegaba con su vehículo, bien acondicionado para llevar en el compartimiento trasero las solicitudes, que siempre incluían el refresco en lata o su versión plástica de dos litros. Con la entrega, siempre estaba el volante con los teléfonos que con el tiempo lo aprendimos de memoria.

     Me tocó en algunas ocasiones responder preguntas como: 
- Hoy es martes, Leonardo ¿Cuál es la promoción?
     Y yo mismo, cual gerente de mercadeo del establecimiento (perdonen si estas líneas lo parecen) respondía con autoridad:
- Treinta por ciento de descuento en la pizza familiar hasta tres sabores.
- ¿Te anotas con nosotros?
- Seguro que sí...

   Así entre cuatro o cinco nos zampábamos la familiar a un precio más económico que las de grandes cadenas del ramo.

Pizzas para Hugo Chávez


Una razón más por las cuales realicé bastantes pedidos desde la oficina, fue por el nombre de mi jefe en Deportes, ahora director del Diario Líder. En efecto, Hugo Chávez (pero el segundo nombre de este es René) me llamaba discretamente para que yo sirviera de intermediario con el local, aunque siempre con mi nombre. Así que un día le consulté sobre la razón.

- Es que cada vez que llamo, empiezan a vacilarme desde el teléfono con:
“A la orden mi comandante, la ‘Misión Pizza’ va para allá”.
“Se la llevamos ahora meesssmo”.
“¿En serio que usted es Hugo Chávez? No puedo creerlo”. Y el controlador de pedidos desde el teléfono preguntaba a sus compañeros: "Adivinen ¿Quién nos encargó una pizza?"

   Cansado de esta guasa relacionada con el fallecido presidente de Venezuela, que le hacía perder tiempo y crecer el apetito, acudía al comodín de un amigo.

    Cosas  propias de alguien con el mismo nombre de este carismático personaje, digna de otras anécdotas.

     Otro compañero, como Luis Villapol, el editor nocturno de Últimas Noticias, era especialista en las hamburguesas. Se conocía de memorias las recetas, similares a las de los carritos legendarios de la Plaza Venezuela, Altamira y La Castellana así como la Calle del Hambre en La Trinidad.

     Por unos meses en 2010 Juan Bimba Express se atrevió a vender una con filet de pescado, pero no duró mucho tiempo por falta de apoyo. Lástima. Era mi barranco favorito.

   Como verán, nada de esto contribuyó a la salud. Cualquier nutricionista calificaría como atentado al sistema digestivo el pedido, especialmente las hamburguesas y pollos fritos, que venían acompañados de las vituperadas papas bañadas en aceite hirviendo. Por cierto éstas tenían un sabor casero muy agradable.

     ¿Y el refresco? Bastante información hay sobre lo dañino que resulta para el organismo. Pero que sabroso es beberse una gaseosa a las tres de la tarde. Una vez a los periodistas hípicos Iván Roa y Jesús Alirio Seijas junto a mi persona, nos dieron un envase de TRRREEEEEES LITROS.

     Le brindamos a todos en la redacción. Y esa botella no bajaba. Cuando se terminó, decidimos descansar un tiempo.

Al por mayor


Los fines de semana, esas motos iban y venían de la sede en La Pastora hasta la Torre La Prensa. Y de vuelta a la sede para regresar con más pedidos porque las guardias, las que nos alejan de las familias, y los descansos, tenían que ser compensadas con estos bien sabrosos  actos gastronómicos.

    Tenían sus "horas pico“. Cual tráfico vehicular de una megalópolis, un domingo a las dos de la tarde se complicaba establecer comunicación con alguno de los cuatro teléfonos del establecimiento, que sonaban ocupados. Es que era la tradición de pedir comida fuera de casa no solo es de los hogares. También se hace en los periódicos. Aunque esta no es la mejor época porque la inflación azota al bolsillo del venezolano.

   Cuando la Cadena Capriles se mudó en 2012 a La Urbina, la pizzería extrañó el caudal de facturación que provenía de la Torre La Prensa, la cual se ha ido llenando de a poquito con sus nuevos usuarios. Aún les queda El Universal, pero esta se sitúa más lejos y en la Avenida Urdaneta hay varias opciones donde adquirir comida fuera de casa.

    Años después supe de su desaparición. Sin ruido, como muchos otros locales que despiertan nostalgia, una pizzería, que también se dignaba a vender recetas de hamburguesas y pollo frito no pudo con los embates del tiempo y la economía empobrecida del país.