martes, 20 de septiembre de 2016

Cal Ripken, Lucía la pelota y los Montes





Un domingo que parecía como cualquier otro en las Grandes Ligas trascendió cuando el estelarísimo pelotero Cal Ripken, terminó con su legendaria racha de juegos consecutivos en la alineación inicial de su equipo. Tres años después de dejar atrás los dos mil 130 juegos en fila con la participación de Loug Gehrig décadas atrás, el jugador manifestó su deseo de no estar desde el primer lanzamiento con su equipo de siempre: Orioles de Baltimore.

Y lo que fue una rutina por más de 14 temporadas, juego tras juego, dejó de serlo de repente cuando le indicó a su mánager su deseo de quedarse tranquilito en el banco. Con 38 años de edad, 17 de ellos entre el campocorto y la tercera base de Orioles y bien establecido su registro en dos mil 632 juegos consecutivos lo consideró suficiente.

Ese domingo 20 de septiembre de 1998 llegué a mi rutina en el Diario Meridiano, al final de la tarde y estaba prendiendo la computadora cuando el jefe de redacción José Visconti, me avisó con el entusiasmo de tener la noticia principal: “Leonardo. Cal Ripken no va a jugar”.

Estábamos esos días más pendientes de Mark McGwire y Sammy Sosa en la lucha por el liderato de cuadrangulares. Ya el récord de más jonrones en una temporada (61 por Róger Maris en 1961) había sido superado por ambos toleteros.

Y mientras Visconti me pidió apoyo para la primera página, a Amador Montes, entonces redactor de beisbol, le tocó la tarea de escribir sobre lo que representó el fin de la racha de Ripken.

“Fue muy impresionante” recordó Amador, actual gerente de operaciones de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. “Aunque sabíamos que ese día iba a llegar, no dejó de impactarme ese momento, después de tantos años jugando sin parar. Fue verdaderamente admirable su resistencia” señaló.

De Montes a Montes


Por esas casualidades, la relación del apellido Montes y Ripken no la encontré únicamente a través de Amador. En efecto, la periodista Mari Montes, quien estuvo en varios medios audiovisuales e impresos venezolanos antes de radicarse en Florida Estados Unidos, escribió años después un libro de ficción llamado “Lucía, la pelota que soñaba con llegar al Salón de la Fama”, de Ediciones B.




La historia del pelotero ayudó a inspirar este libro.

Usando sus conocimientos y su pasión por el beisbol, Mari describe en su obra, situada en extensión entre la novela corta y el cuento, como una esférica de beisbol llegó desde la fábrica en Costa Rica hasta un destino inesperado y más hermoso, bien lejos de los flashes y las grandes ceremonias. Y ella hizo una lectura de esa historia en el Ateneo de Caracas, gracias a las gestiones de La Rana Encantada, organización que promueve la lectura infantil, la cultura de paz y el reciclaje. Fue una experiencia conmovedora.


Mari Montes leyendo "Lucía la pelota..."



El legado de Ripken


Del día que el pelotero decidió descansar pasaron 19 años un 20 de septiembre. Curiosamente la atención se centró mucho en esos días en torno a McGwire y Sosa. Pero ambos después fueron cuestionados por presunción de dopaje para conseguir sus hazañas deportivas. Ripken llegó al Salón de la Fama de la Grandes Ligas al primer año de elegibilidad (2007) con una sólida imagen de devoción y respeto al deporte mientras los dos anteriores fueron diluyendo su legado. 

         Y para mí fue un domingo que comenzó a todo vapor. Llegando y trabajando más para la primera edición que para la última. Porque ya el “Hombre de Hierro” moderno había resuelto la noticia.